México – Mérida y la antigua zona henequenera de Yucatán: integración en la economía globalizada y fragmentación local de una región en plena mutación

El noroeste de Yucatán, en México, ha sido el motor histórico de la economía yucateca. Tradicionalmente especializada en el monocultivo del henequén, una variedad de agave cultivada por su fibra, la región fue durante mucho tiempo la principal zona agrícola de la entidad federativa, así como su centro de decisión política, desde la capital, Mérida. Pero en la década de 1990, la liberalización económica reconfiguró definitivamente las relaciones entre la ciudad y el campo. La antigua zona henequenera está ahora sometida a una creciente privatización y fragmentación del espacio como consecuencia de la metropolización, con una expansión urbana caracterizada por la formación de enclaves sociales de residencias cerradas, y el despliegue de enclaves económicos industriales, agroindustriales y turísticos. Las políticas aplicadas para integrar la región en el nuevo mercado mundial plantean interrogantes dada la riqueza ecológica de la zona y la creciente vulnerabilidad de las aguas subterráneas a las actividades humanas, entorno en el que se basa en gran medida el sector turístico.

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Esta imagen de la ciudad de Mérida en Yucatán, México, fue tomada por el satélite Sentinel-2B el 29 de mayo de 2021. Se trata de una imagen en color natural y la resolución es de 10 m. 

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Puntos de interés geográficos

Presentación de la imagen global

El noroeste de Yucatán en la globalización económica: paradojas y controversias en las estrategias de desarrollo

Un entorno natural singular, rico pero limitante: cráter de impacto, llanura kárstica y cenotes

La imagen muestra la parte noroccidental del estado de Yucatán, en el sureste de México. Esta región se encuentra en el corazón del cráter de Chicxulub, que fue creado hace más de 66 millones de años por la caída de un meteorito. Se cree que este episodio fue la causa de las extinciones masivas, incluida la de los dinosaurios.

La zona se caracteriza por una topografía plana, que no supera los 20 metros de altitud. No hay ríos que fluyen en la superficie. El agua de lluvia se infiltra en el suelo kárstico, calcáreo y extremadamente perforado, como demuestran los miles de cenotes, dolinas de colapso inundadas y conectadas a una inmensa red de cuevas y ríos subterráneos. La mayoría de los cenotes se distribuyen por el contorno del cráter, formando el "anillo de cenotes". Se presume que el impacto del meteorito provocó las alteraciones geológicas que llevaron a su formación. Estos numerosos pozos naturales -que se estiman en unos 8.000- son ahora el orgullo de Yucatán. Atraen cada año a cientos de miles de visitantes, nadadores y aficionados de espeleobuceo.

La vegetación se compone principalmente de bosques caducifolios bajos. La franja costera está formada por playas, manglares y lagunas alimentadas por la salida de ríos subterráneos. Este entorno es a la vez muy rico y particularmente restrictivo debido a los suelos pobres que cubren el substrato rocoso.

En el centro de la imagen está Mérida, la capital de la entidad federativa. A 36 km al norte, el puerto de Progreso, en el Golfo de México, ofrece una apertura internacional, especialmente hacia América del Norte. Al suroeste, la carretera federal 180 conecta la ciudad con el resto del país.

Desde la década de 1980, Mérida ha experimentado un crecimiento demográfico acompañado de una expansión territorial inseparable de los cambios en las zonas rurales que la rodean. En conjunto, constituyen el pulmón histórico de la economía yucateca, dedicada durante mucho tiempo a la producción de fibra de henequén.   

La crisis de una región históricamente dedicada al cultivo del henequén

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, el territorio del noroeste de Yucatán se organizó en torno al cultivo y la exportación del henequén, una variedad de agave originaria de la región, cultivada por su fibra. Durante más de un siglo y medio, la fibra extraída de este "oro verde" abasteció el mercado mundial de cuerdas. Esta actividad económica estimuló el desarrollo de las infraestructuras ferroviarias y portuarias, permitiendo el transporte de mercancías a los Estados Unidos. Se configuró la región según un modelo centro-periferia: Mérida, desde donde se controlaba la actividad, y los pueblos periféricos, que cultivaban el agave.

Producido inicialmente en los grandes latifundios agrícolas -las haciendas- por mano de obra rural servil, el Estado mexicano se hizo con el control de la producción del henequén en los años 30 del siglo XX y aplicó una amplia reforma agraria. Las tierras de las haciendas fueron expropiadas y redistribuidas en forma de propiedad colectiva -los ejidos- a las comunidades rurales. Estos últimos se encargaban de cultivar el agave por cuenta del Estado. Sin embargo, la crisis del sector, sobre todo por el desarrollo de las fibras sintéticas, además de la liberalización económica, puso fin al modelo agroexportador. En 1992, la actividad cesó.

Estas transformaciones no sólo marcan el fin del cultivo del henequén: la milpa, un tipo de agricultura tradicional basado en el sistema de roza, tumba y quema, se está debilitando. Esta agricultura de pequeña escala, particularmente bien adaptada a las limitaciones del medio ambiente, había logrado mantenerse hasta entonces junto con el cultivo del henequén, y era una importante fuente de subsistencia para las comunidades agrarias. La superficie cultivada disminuye, lo que lleva en primer lugar a la expansión del bosque.

Mecanismos de despojo de tierras ejidales bajo el pretexto de su "improductividad”

En 1992, al mismo tiempo que se detuvo la economía henequenera, México llevó a cabo una reforma legal de la propiedad rural, que modificó las modalidades de uso y adquisición de las tierras ejidales. Entre otras cosas, se autorizó la constitución de sociedades agrarias civiles y mercantiles en el marco de la asociación de campesinos con capital privado, y la venta de tierras de la comunidad agraria, que antes eran inalienables.

Estas transformaciones se implementaron en un contexto de retiro del Estado de la economía y de inserción del país en los mercados internacionales, con la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN. En la periferia de las ciudades del país, el cambio legal pretendía estimular los mercados del suelo y permitir un desarrollo urbano planificado. En las zonas rurales, prometió aumentar la productividad y la competitividad de los productores agrícolas, ahora independientes del Estado, animándoles a pasarse a los cultivos de exportación.

Pero en la antigua zona henequenera, el nuevo marco legal no ha llevado a una reconversión productiva de los ejidos. El carácter "improductivo" de la tierra es precisamente la justificación para su adquisición por parte de empresas de propiedad privada, evitando así las asociaciones con las comunidades agrarias.

Si la adopción del dominio pleno requiere el acuerdo previo de las comunidades agrarias, este sistema se apoya en gran medida en mecanismos de despojo, caracterizados por la intimidación y la corrupción, con la complicidad de funcionarios del Estado mexicano, que actúan extraoficialmente como intermediarios entre los ejidatarios y los inversores.

Al reconfigurar las formas de penetración del capital en las zonas rurales, las nuevas políticas agrarias constituyen la primera etapa de la transición económica de la región. La tierra ocupa un nuevo lugar en la economía de mercado. En consecuencia, la estructura del suelo de la región de Mérida va a transformarse profundamente bajo la creciente presión de la urbanización, la industrialización, el desarrollo de la ganadería intensiva y el turismo.

Urbanización, maquiladoras y granjas porcícolas y avícolas

La crisis social que precedió y siguió al colapso del henequén intensificó el éxodo rural. Las actividades económicas se concentran ahora en la metrópoli regional. El sector inmobiliario, con su alto potencial especulativo, es muy dinámico, y las nuevas urbanizaciones están ampliando la aglomeración del sur mordisqueando poco a poco las tierras ejidales. En la actualidad, la construcción de nuevas zonas residenciales afecta principalmente al norte de la aglomeración, donde se asientan las clases adineradas.

Al mismo tiempo, a partir de 1985, Yucatán emprendió un primer intento de industrialización de la región, en previsión de la reducción, y luego el fin, de la producción de henequén. El Estado trató de atraer capitales nacionales, pero también inversión extranjera directa, o IED, principalmente en la industria textil, en la línea de la "frontera norte" del país. Mientras que en este periodo se consolidó la avicultura y la porcicultura industrial, el intento textil fue un fracaso desde el punto de vista de las fábricas de ensamblaje, las maquiladoras, ya que, en pocos años la mitad de ellas habían cerrado.

Tras un periodo de declive, el proyecto de industrialización de la región vuelve a ser el centro de las políticas de desarrollo económico. La estrategia actual se basa en una política de ordenación del territorio más amplia, que pretende afirmar la región como el principal centro económico del sureste de México. El reto es mantener un modelo económico dependiente de los vaivenes de la economía mundial, especialmente de la norteamericana, y basado en una ventaja comparativa inestable, sobre todo frente a la competencia de Asia y Centroamérica, donde los salarios son más bajos.

Su estabilidad política y su posición estratégica frente a Estados Unidos -la travesía del Golfo de México desde Progreso hasta Houston dura dos días- son las principales ventajas de Yucatán. Se han realizado importantes inversiones en infraestructura vial y portuaria, en Progreso, para fortalecer su integración nacional e internacional. Actualmente, las políticas públicas se centran en el desarrollo del transporte de mercancías por ferrocarril, que ha sido marginal en Yucatán y más ampliamente en México.

Al promover las conexiones intermodales, estas operaciones han mejorado considerablemente la accesibilidad de los municipios rurales de la región, su conexión con el resto del país y su integración en la economía global. La estrategia está dando sus frutos: en los últimos años se han instalado numerosas plantas de ensamblaje en el estado, en la periferia de Mérida, y en las zonas industriales del oeste en Hunucmá y del suroeste en Umán. A diferencia de la experiencia anterior, estas fábricas pertenecen a diferentes sectores: automotriz, naval, tecnología, energía y mobiliario. Al mismo tiempo, prosigue el desarrollo de la cría industrial -sobre todo de cerdos- para el mercado nacional e internacional, especialmente en Asia. También en este caso, el establecimiento de estas actividades económicas va en detrimento de los ejidos.

El desarrollo del turismo de enclave de alta gama

Yucatán también es muy atractivo para el turismo nacional e internacional, debido a su rico patrimonio. Patrimonio cultural, en primer lugar, material, con sus ciudades coloniales, sus numerosas haciendas de los siglos XVIII y XIX, y sus yacimientos arqueológicos precolombinos, algunos de los cuales son verdaderos focos turísticos, sobre todo Chichén Itzá; pero también inmaterial, con la conservación de la lengua maya y de ciertas prácticas tradicionales en las zonas rurales. Patrimonio natural, en segundo lugar, con sus playas, lagunas y famosos pozos naturales -los cenotes-, muchos de los cuales han sido acondicionadas para facilitar el acceso del público.

El desarrollo del turismo en las zonas rurales de la antigua zona henequenera tiende a formar enclaves turísticos de alto nivel que ofrecen, en el mismo sitio, alojamiento, restaurantes y servicios, que van desde la hidroterapia hasta actividades para descubrir la agricultura tradicional y el folclore local. Esta oferta se concentra sobre todo en las haciendas remodeladas, en entornos de selva exuberante, muchas de las cuales tienen sus propios cenotes privados. En otras palabras, estos proyectos crean empleos locales, pero no constituyen un motor de desarrollo para los pueblos en los que se establecen.

La economía yucateca se enfrenta así a una paradoja. Se aprovecha la riqueza ecológica y cultural asociada a la "identidad maya", cuyos símbolos se exhiben en los "escaparates" turísticos, al tiempo que se ponen en peligro las condiciones de reproducción de estos modos de vida y los paisajes que conforman.

Enclaves económicos, privatización del espacio, fragmentación de las áreas forestales y creciente vulnerabilidad de las aguas subterráneas: las dinámicas territoriales a debate

Ya sea mediante la urbanización, la reindustrialización o el aumento del turismo, las estrategias de desarrollo contemporáneas tienden a producir una creciente fragmentación y privatización del espacio local. Están surgiendo enclaves sociales y económicos.

Además de las consecuencias medioambientales de la reducción de las zonas forestales y los riesgos de inundación derivados de la artificialización del terreno, estas actividades tienen graves repercusiones en los recursos hídricos de la región. En particular, debido tanto a la sobreexplotación de los recursos hídricos como al vertido de sustancias contaminantes por parte de las actividades industriales y la porcicultura, en un suelo calcáreo cuya alta permeabilidad expone las aguas subterráneas a los contaminantes.

El turismo en la región se basa en parte en la fantasía de una tierra mística y salvaje, de la que la abundante vegetación y el agua cristalina de los cenotes son fuertes símbolos. La calidad del agua subterránea es fundamental para la sostenibilidad del turismo internacional, mientras que Yucatán es la mayor reserva de agua subterránea de México.

Esta situación está generando cada vez más controversias entre el gobierno, las empresas y los ejidatarios, que se ven obligados a vender sus tierras, al igual que los habitantes de los pueblos situados cerca de los emplazamientos industriales y agroindustriales.



Enfoques

Enfoque 1. Mérida: explosión demográfica y urbana, metropolización y macrocefalia regional

A diferencia de la segunda ciudad más grande de la Península de Yucatán, el famoso destino turístico de Cancún establecido en la década de 1970, Mérida ha conservado su carácter provincial. El barrio colonial del centro histórico de la ciudad se ha mantenido en buen estado de conservación, y el desarrollo urbano se ha caracterizado por edificios relativamente bajos, generalmente formados por una sola vivienda.

Sin embargo, la ciudad ha experimentado un notable crecimiento de la población y una fuerte urbanización desde los años 70. A partir de la década de 2000, Mérida llega a su cinturón periférico para absorber paulatinamente los pueblos de los alrededores. Entre 1970 y 2020, la población se multiplicó casi por 4,5, pasando de 212.000 a 921.700 habitantes.

A escala de la conurbación, esta cifra se eleva a 1,2 millones de habitantes. En total, más de la mitad de la población yucateca vive en la metrópoli regional. El peso, el papel funcional y la influencia de Mérida aplastan toda la red urbana regional hasta tal punto que podemos hablar de un proceso de macrocefalia a escala regional.

Esta expansión afecta a toda la periferia de la ciudad, a la vez que produce formas urbanas diferenciadas, dando lugar a una situación de fuerte segregación social. En el sureste de la aglomeración, la ciudad de Kanasín ha experimentado un crecimiento exponencial -de 5.200 habitantes en 1980 a más de 141.000 en 2020- marcado por la vivienda popular. En cambio, el norte se caracteriza por la multiplicación de "gated communities", es decir, barrios privados y seguros para las clases superiores, delimitados y con acceso restringido. Este tipo de urbanización consume mucho espacio.



Mérida


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Enfoque 2. Caucel y Ciudad Caucel, un pueblo frente a una ciudad dormitorio, encarnación y paradojas de la urbanización acelerada

Esta imagen es bastante demostrativa de la reciente dinámica espacial del pueblo de Caucel y de su periferia. Se puede distinguir explícitamente un conjunto de formas urbanas muy distintas y socialmente diferenciadas. En el centro, un poblado histórico poco denso y marginado por las políticas públicas: pocos equipamientos urbanos, permanencia de caminos de tierra... Alrededor, urbanizaciones contemporáneas, con parcelas más o menos amplias según el sector.

Pueblo de 1.700 habitantes en 1980, entonces bajo la creciente influencia de la metrópoli de Mérida, Caucel vio aumentar su población a partir de los años 90 hasta alcanzar los 8.823 habitantes en 2020. Sin embargo, la localidad queda al margen del planeamiento urbanístico que, a partir de la década de 2000, está transformando el paisaje de la parte noroeste de la aglomeración de Mérida.

En 2004, los terrenos agrícolas del sur del pueblo fueron objeto de un programa de desarrollo urbano iniciado por el gobierno estatal. El objetivo era crear zonas residenciales cerca de Mérida para las clases trabajadoras. Llamado "Ciudad Caucel" en contraposición al pueblo, el nuevo complejo residencial consta de varias decenas de miles de viviendas de tamaño modesto. A diferencia del pueblo, las urbanizaciones cuentan con infraestructuras urbanas, pero todavía con pocos espacios públicos. Estos nuevos barrios llegan ahora al cinturón periférico de Mérida, del que están separados por varias zonas industriales. En 2020, 23.180 personas vivían en Ciudad Caucel.

A pesar de la magnitud del éxodo rural, estas urbanizaciones permanecen en gran medida desocupadas. Según el último censo realizado en 2020 por el Instituto Nacional de Estadística-INEGI, en la aglomeración de Mérida hay 61.000 viviendas desocupadas, es decir, casi el 14% del parque de viviendas de la zona urbana, y el 92% de ellas se encuentran en la periferia de la capital, incluido en Ciudad Caucel. Sin embargo, desde la década de 2010, los proyectos urbanísticos se multiplican, especialmente en el noreste de Caucel. En contraste con las urbanizaciones populares del sur, el noreste se caracteriza por las residencias cerradas, que incorporan más espacios "públicos", como parques con árboles, al tiempo que limitan el acceso sólo a los residentes.

Esta situación pone de manifiesto las contradicciones de la industria inmobiliaria yucateca. En la periferia de los nuevos barrios se están construyendo carreteras que presagian la construcción de nuevas residencias y la continua expansión de la metrópoli regional. La continuidad de las inversiones masivas en este sector hace temer el estallido de la "burbuja inmobiliaria".



Caucel


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Enfoque 3. El eje Mérida-Progreso: actividades recreativas y deportivas selectivas, residencias cerradas y especulación de la tierra

Al norte de Mérida, una gran carretera recta, claramente visible en la imagen, une la capital con el puerto de Progreso. La proximidad del puerto ha favorecido sin duda el establecimiento de algunas empresas especializadas en el transporte por carretera. Sin embargo, la dinámica que está configurando actualmente esta zona está más relacionada con la urbanización residencial, dirigida a las clases superiores.

Los terrenos de ambos lados de este eje están especialmente expuestos a la especulación inmobiliaria. Observamos claramente las carreteras ya construidas tal como las que están construyendo, para urbanizaciones cerradas de alta gama, algunas de ellas destinadas al sector turístico. La zona es estratégica por su proximidad a las playas de Progreso, la ciudad colonial de Mérida y el sitio arqueológico de Dzibilchaltún.

El desarrollo de las residencias cerradas va acompañado de una creciente especialización funcional hacia actividades recreativas y deportivas selectivas, como el automovilismo y los deportes ecuestres. Algunas residencias se organizan incluso en torno a actividades sociales y deportivas exclusivas, como en el caso de los dos campos de golf y el club multideportivo. La oferta educativa está adaptada a los recién llegados, como demuestra la presencia de un colegio privado bilingüe, situado entre los dos campos de golf.

La imagen muestra las transformaciones del paisaje provocadas por la construcción de los complejos residenciales cerrados. El avance del frente urbanístico provoca la fragmentación de los espacios forestales y la incorporación masiva de tierras ejidales a la propiedad privada. Los enclaves sociales rodean ahora a los pueblos vecinos, que beneficiaron de la reforma agraria en la década de 1930.

A las puertas de Progreso, la zona industrial muestra la otra consecuencia territorial de esta dinámica: la construcción de canteras, plantas de cemento y de asfalto para satisfacer la demanda de materiales de construcción. Asimismo, la inauguración en 2019 de la planta de energía solar fotovoltaica "San Ignacio" y la apertura en 2020 de un parque eólico, satisfarán las crecientes necesidades energéticas locales. La multiplicación de proyectos de energías renovables sitúa al estado de Yucatán como un actor importante en la transición energética nacional.



Mérida-Progreso


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Enfoque 4. Progreso, el primer puerto del sureste de México: pieza central de la reindustrialización y el desarrollo turístico de Yucatán

Con una proyección de casi 6,5 km en el Golfo de México a través de un largo dique, el puerto de aguas profundas de Progreso es particularmente visible en esta imagen. Constituye una pieza clave de la infraestructura regional y una verdadera ventaja para el desarrollo económico de Yucatán. Al abrirse a América del Norte, pero también a los mercados europeos y asiáticos, el puerto de aguas profundas tiene una doble función.

Es ante todo un puerto de carga, que permite la exportación de productos industriales fabricados o ensamblados en Yucatán por empresas nacionales e internacionales, así como la producción agrícola, como la carne de cerdo y de ave o la miel. La pesca también ocupa una parte importante de las exportaciones. Concentradas al oeste del puerto de Yucaltepén, las plantas de procesamiento de pescado coexisten con los astilleros. La industria naval está destinada a desarrollarse en los próximos años.

Equipado con una terminal de cruceros, el puerto de aguas profundas es también una infraestructura importante para el sector turístico. La costa es muy popular entre sus vecinos norteamericanos, algunos de los cuales viven allí temporalmente, otros permanentemente. Cada año, desde el inicio del periodo invernal en el hemisferio norte, los municipios costeros registran flujos migratorios temporales de canadienses.

La ciudad de Progreso ha sido organizada para acomodar y satisfacer las expectativas de estos visitantes internacionales. En el centro de la ciudad, el paseo marítimo cuenta con un kilómetro de longitud. En la parte oriental del puerto de Yucaltepén se han establecido numerosas marinas. Combinan puertos deportivos con complejos residenciales y ofrecen servicios en el ámbito del bienestar y de los deportes acuáticos.



Progresso


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Enfoques 5. El frente oeste/suroeste: fragmentación del espacio y despliegue de la economía de enclave

Estas dos imágenes cubren la franja oeste/suroeste de la región. Al igual que el corredor norte de la metrópoli, este espacio se está reorganizando bajo el efecto de la dinámica económica contemporánea. Sin embargo, los procesos que destacan estas imágenes son diferentes a los observados en el eje Mérida-Progreso. Los municipios de la franja occidental son hoy en día en el centro de las políticas de reindustrialización del Estado. Las zonas industriales se multiplican, principalmente cerca de Hunucmá y Tetiz.

Ubicada entre el eje norte que conduce al puerto de aguas profundas de Progreso y la carretera federal 180 a Campeche, esta zona tiene la ventaja de una excelente ubicación desde el punto de vista del transporte intermodal. Actualmente se está rehabilitando y ampliando la vía férrea, especialmente para dar servicio a estos nuevos parques industriales. Las actuales conversaciones sobre la creación de un nuevo aeropuerto, cuya ubicación se baraja en Umán o Hunucmá, confirman la actual dinámica de recuperación del frente occidental de la antigua zona henequenera.

En ambas imágenes, la escasa cantidad de tierra cultivada pone de manifiesto la magnitud del declive de la agricultura. También es claramente visible el proceso de deforestación a favor de los parques industriales, especialmente al norte de Texán de Palomeque, y el despliegue periférico de enclaves agroindustriales.

Desde el fin del cultivo del henequén, dos procesos han transformado el paisaje. En primer lugar, la expansión del bosque en los terrenos baldíos de arbustos y los campos de henequén abandonados. En segundo lugar, la creciente fragmentación de estas zonas por las actividades industriales, por la cría intensiva y por los complejos turísticos en torno a las antiguas haciendas situadas en el anillo de cenotes. Es el caso del emblemático Hotel Chablé de Chocholá, que ocupa más de 300 hectáreas y cuenta, entre otras cosas, con varios restaurantes y bares, un centro de hidroterapia y un campo de golf.



Front Ouest


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Front Sud-Ouest


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D’autres ressources

En la pagina Géoimage del CNES

Carroué, L. (2019). « La frontière États-Unis-Mexique à Mexicali/Calexico : mur, villes-jumelles, maquiladoras, cartels et drogue », Geoimage, CNES/MENJS. URL : https://geoimage.cnes.fr/fr/la-frontiere-etats-unis-mexique-mexicalicalexico-mur-villes-jumelles-maquiladoras-cartels-et-drogue

Recursos cartográficos y estadísticos



Geocomunes, outil de visualisation cartographique de la Péninsule du Yucatan. URL :  https://geocomunes.org/Visualizadores/PeninsulaYucatan/

INEGI, Institut national de statistiques et de géographie. URL : https://www.inegi.org.mx/

Bilbiografia

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Lapointe, M. (2008). Historia de Yucatán, siglos XIX-XX, Mérida, Ediciones de la Universidad Autónoma de Yucatán.

Ramírez, L. (2006). Un secreto bien guardado. Mundialización y restructuración productiva en Yucatán, Mérida, Ediciones de la Universidad.

Torres-Mazuera, G., Deniau, Y., Velázquez-Quesada, S. y Rangel, J. (2021). “Extraer lo (in)productivo de las tierras comunales en el siglo XXI: Acaparamiento de tierras y expansión capitalista en la Península de Yucatán”, Revista Trace, n°80, pp.138‑170.


Contribuyente - traductora

Kelly Redouté, doctorante en géographie, École des Hautes Études en Sciences Sociales, UMR 8504 Géographie-cités.

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